13 de marzo de 2013

HITCHCOCK De Sasha Gervasi. La oportunidad perdida.


Es una pena que una idea tan atractiva haya naufragado en las manos de un director novato. Si fuimos a la sala fue para ver todos los problemas que le acarrearon al maestro del suspenso haber escogido hacer, en el pináculo de su carrera, un filme de horror justo cuando este era considerado un género vulgar, intrascendente, indigno de un director de la talla de Alfred Hitchcock.

En vez de eso el horrendo guión de John J. McLaughlin se centra en una supuesta crisis matrimonial entre el realizador inglés y su fiel compañera Alma Reville. La relación entre la montadora de Una dama desaparece y un escritor mediocre, revestida de una coquetería completamente inoportuna es absolutamente vulgar. Da vergüenza ver como Mister McGuffin cae presa de unos celos infantiles que acaban interfiriendo con su trabajo.
Si la señora Reville tuvo intenciones o no de serle infiel a su corpulento esposo me tiene sin cuidado.  Yo lo que quería saber eran los innumerables inconvenientes  que tuvo Hitchcock a la hora de proponerle a los productores de la Paramount  su idea de adaptar la novela homónima de Robert Bloch. Su inquebrantable decisión de realizar el filme a toda costa, con su particular estilo, renunciando a sus acostumbradas estrellas, incluso asumiendo de su propio bolsillo el costo total de la producción hicieron que el rodaje de esta película fuera particularmente estresante. Cuentan los que estuvieron allí que los nervios del director inglés estaban crispados y en más de una ocasión estaba en el plató ardiendo en fiebre literalmente.

En el férreo sistema de los estudios no había espacio para la experimentación. Hitch tuvo la osadía por ejemplo de matar a su protagonista, Janet Leight en la primera media hora, de adentrarse en un género considerado impropio de un hombre de su prestigio, de haber escogido entre su casting no a una estrella sino a un desconocido y enigmático actor como Anthony Perkins y sobre todo luchar soterradamente contra la implacable censura.
Todos estos aspectos harían de Hitchcock una película necesaria ya que serviría para mostrarnos los fantasmas que azotaron al genial artista en la más famosa y polémica de sus creaciones. Pero estos problemas se resuelven en unos cuantos minutos y para el ingenuo Gervasi lo trascendental es lo morboso, la obsesión que tenía Hitch por la comida, las ansias de aventura que tenía su esposa, la incontrolable obsesión que le despertaban las hermosas actrices con las que trabajó, pura vulgaridad e intrascendencia, música para hipnotizar incautos.
Pero lo peor de la película son sus actuaciones. Se nota que el hombre que nos cautivó hace cinco años con el inolvidable documental Anvil, el sueño de una banda de rock, aún no sabe dirigir actores. Anthony Hopkins se encuentra ahogado entre el abotargado maquillaje y la absurda caricaturización de su personaje, Helen Mirrer  se vale de su talento para no ahogarse entre la improvisación, Scarlett Johansson carece de cualquier tipo de expresión y vuelve a demostrar que si no está bien dirigida poco o nada puede aportarle a sus papeles y James D’Arcy realiza una pobrísima caracterización que raya con la ridícula imitación del genial actor Anthony Perkins.

No hay un solo plano que trascienda, que nos indique que estamos frente a una película. Resulta paradójico que The girl  el telefilme de HBO, reseñado hace unos meses en este blog tenga más lenguaje cinematográfico que esta ambiciosa y esperadísima producción. Hay momentos que despiertan nuestro interés, algunos detalles de cómo se rodaron ciertas escenas, la reacción del público ante la famosa escena del baño y el sonido estruendoso de los violines chillones de Bernard Herman, la revolucionaria campaña publicitaria para convertir a Sicosis en un éxito de taquilla, pero no son suficientes para hacernos quitar la impresión de que Hitchcock está lejos de ser el homenaje que se merecía el maestro del suspenso. Tal vez lo único que justifique esta mediocre película es en el interés que pueda despertar en las nuevas generaciones  ver Sicosis. Si no fuera por eso merecería ser archivada y olvidada para siempre.

1 comentario:

manipulador de alimentos dijo...

Una buena historia, bien contada, con un Hitchcock amable que muestra ante la pantalla todas sus neuras y debilidades de la mano de Alma, su comprensiva esposa. Buenas interpretaciones para una película que hace pasar un buen rato. Un saludo!