10 de marzo de 2013

OZ EL PODEROSO De Sam Raimi. Arte de Mcdonalds..


En los primeros veinte minutos, mientras ese maravilloso blanco y negro te recuerda la época donde el cine era aún la caja de los sueños que había inventado Edison, crees que estás frente a un clásico. Nos es imposible resistirnos ante el encanto de e Óscar Diggs un presdigitador con un ego desbordado, mujeriego y mentiroso  que subsiste engañando incautos con trucos de poca monta. No existe oficio más parecido al de un mago que el del cineasta y eso parece entenderlo muy bien Sam Raimi, el director de esta cinta, ya que aparentemente nos prepara en su hermoso prólogo no solo para conocer el maravilloso reino de Oz sino para hacer una reflexión sobre lo que es el cine, una ilusión producida por un rayo de luz.

En una de las mejores escenas de la película Óscar, mientras se prepara para dejar para siempre a su verdadero amor, va acomodando las piezas de su zootropo, las imágenes de un elefante moviéndose proyectándose en la pared contienen una particular poesía. La admiración que tiene el ilusionista hacia Thomas Alva Edison y la alusión que hace al Kinetoscopio, uno de los primeros aparatos que sirvieron para apresar el movimiento en imágenes, establecen claramente el tono de homenaje que asume Raimi, en su película, no sólo hacia el clásico de Víctor Fleming sino hacia el cine, una invención que 117 años después de su origen nos sigue cautivando y sorprendiendo.
Lamentablemente todo eso que se bosquejaba al principio se deshace después de que el ciclón, el mismo que se llevaría Dorothy años después, lleve a Óscar a la tierra de Oz, entonces la pantalla se amplía y empieza el festival del color, de los innovadores efectos especiales y nos recuerda que en el cine contemporáneo ya no importa tanto la historia sino mostrar la última tecnología con la que trabajan los grandes estudios.
Después de la primera hora la película cae en un bache del cual no logra levantarse. Todo se vuelve soso, azucarado, empalagoso. Con Disney no existe el espacio para la experimentación o el riesgo. El director está más preocupado por poner a funcionar la última tecnología que en construir personajes reales, complejos, con los cuales podamos identificarnos o sentir miedo.

Pareciera que el único actor que está a la altura es James Franco. Supo darle a su personaje esa irresistible prepotencia, esa torpe humanidad que le dio Frank Braum, el autor del inmortal libro al mago de Kansas. Lamentablemente ninguna de las tres mujeres que lo acompañan están a su altura. Por Mila Kunis nunca sentimos miedo, ni siquiera cuando se transforma en la horrible bruja, Rachel Weisz vuelve a demostrar toda su incapacidad para reflejar una emoción y  Michelle Williams le imprime a su personaje una solemnidad inoportuna, creemos que hubiera sido otro el resultado si la bruja buena hubiera tenido así fuera un poquito de sentido del humor.
Es tan deficiente el trabajo de estas actrices que nos quedamos encantados con el simio volador y sobre todo con esa hermosa y triste niña porcelana que acaba de perder a toda su familia. La escena cuando Oz le pega sus dos piernas es maravillosa y por momentos, al verla moverse nos recuerda el trabajo del maestro checo Jan Svankmajer.
Aunque el compositor Danny Elfman y Sam Raimi tuvieron un severo altercado al final del rodaje de Spider Man 2 que parecía irremediable acá vuelven a trabajar juntos casi una década después. El resultado es más que satisfactorio. Elfman hizo en esta película su mejor trabajo desde El joven manos de tijera e inevitablemente nos hace pensar lo que hubiera sido este filme en manos de Tim Burton, porque Raimi después de la mitad le entrega el filme por completo al público infantil, recordando que trabaja para Disney y con ellos no hay espacio para la experimentación, los homenajes o las reflexiones sobre este arte.

 No, Disney como el diablo no hace concesiones y la película tenía que ser ante todo un paquete que incluyera a toda la familia y al final Oz, el poderoso no es más que eso, una hamburguesa gigante y grasosa, destinada al consumo masivo y a ser olvidada al cabo de unos cuantos días.

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