4 de julio de 2012

A 30 AÑOS DE LA MUERTE DE FASSBINDER. LA LEY DEL MAS FUERTE.


Un hombre está tendido en la estación del subte. Nadie parece fijarse en él, solo dos gamberros que, entusiasmados al ver que el tipo no se mueve ante las patadas recibidas deciden exculcarlo y limpiarlo de dinero. Dos homosexuales, amigos del hombre se acercan al cuerpo, los niños al sentir la presencia de la pareja se esconden detrás de una columna. Aprovechan para contar el sudoroso fajo de dinero que tienen en las manos. Los hombres comprueban la identidad del tipo y lo dejan abandonado “No vaya a ser que resultemos involucrados”. A penas se van los niños como aves de rapiña siguen desvalijando al muerto.
Franz Biberkopf como otros personajes de su filmografía ha muerto de corazón roto al comprobar que sus pareja está con él solo por interés. Biberkopf es un proletario que acaba de ganar medio millón de marcos en la lotería. Se ha enamorado del hijo de un empresario acostumbrado a los lujos, a la etiqueta. Intenta convertirse en su Pigmalión. El hombre entrega hasta el último billete con tal de sentirse completamente amado.


Para Rainer Werner Fassbinder toda relación de pareja se establece entre el opresor (quien es el que menos ama) y el oprimido (El enamorado que todo lo da). Su madre, Liselotte Eder, decía que el pequeño Rainer ahorraba su mesada para comprarle cosas a una familia que abiertamente lo despreciaba.  Ese rechazo acentuó su carácter rebelde del realizador alemán. En La ley del mas fuerte deja muy malparado a todos esos hombres refinados que creen que lo más importante es tener buenos modales. Franz con sus millones y sus costumbres sinceras y proletarias se esfuerza hasta donde más pueda para conseguir el amor definitivo y total de Eugen. Si la tipografía debe 100 mil francos pues vamos al banco, los pedimos en efectivo y ahora si podrás dormir tranquilo mi amor. Que quieres vivir en un apartamento de ensueño, descansar sobre la cama de un rey, llenar el espacio con artículos caros, para eso está el cheque mi vida, dime cuanto es y será tuyo.
Ninguna obra está tan estrechamente a la vida de un autor cinematográfico como la de Fassbinder.


 Cada una de sus películas es una declaración personal, un desahogo. Nunca quedó bien con nadie. Los que creían que con él había nacido el cine gay se equivocaron. En La ley del mas fuerte suscitó el rechazo de toda la comunidad homosexual ya que los mostró como seres frívolos, crueles, estúpidos. “No sé porque se sienten tan especiales los homosexuales. Son igual de hijos de puta a todo el mundo”. Como Thomas Bernhard con Austria, el director sentía un rechazo profundo por su patria. Cuando Hanna Shygulla, una de sus actrices fetiches recibió el Oso de oro de Berlín por su interpretación en El matrimonio de María Braun todo el auditorio la abucheó. Desde Alemania se creía que era bastante nociva la imagen que difundían del país sus películas. Solo hasta una década después de su muerte es que se pudo sopesar la importancia que había tenido esta fuerza de la naturaleza. En 37 años de vida realizó 42 películas y mas de treinta obras de teatro. Su amiga, la cocaína lo ayudó a explotar toda esa energía pero a la vez lo mató muy joven. “He vivido en pocos años lo que un hombre normal vive en 70”.

La cocaína fue la excusa por la cual vino dos veces al festival de cine de Cartagena.. Se deleitaba con el polvo nuestro de cada día. Bolsas repletas con el producto las encaletaba y las llevaba para su estudio. Así combatía la soledad de la sala de montaje. Todavía recuerdan cuando en una rueda de prensa contestó ante la aburrida y trajinada pregunta que que es lo que le gusta más de Colombia. El fauno contesto “El perico” El traductor un poco perturbado tuvo que falsear un poco la respuesta y dijo que le encantaba la fauna “Todos esos pericos que despiertan su vuelo cada atardecer”.
La ley del mas fuerte es una película que no hace concesiones. Si quieren comprobar que no hay crueldad peor que la que impone el adorado al adorador tienen que verla. Puede ser el mismo desprecio que siente Dios ante los que nos postramos ante él. Si estamos hechos a su imagen y semejanza estoy seguro que no escucha nuestras oraciones, tan solo se carcajea de nuestra sumisión.
Pobre Franz, tan solo en las calles de Frankfurt, expectorado por la refinada familia de su novio. Con unos cuantos billetes en los bolcillos y un tarro de Valium en una mano. Si quiere aliviar el dolor en una ciudad gris, macabra, de seres sin alma lo mejor es que vacíes las pastillas en tu garganta. Ya se darán cuenta que has muerto. Ya vendrán a robarte algo o sencillamente tu hediondez hará que algún policía se percate de que estás acostado allí.

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