20 de julio de 2010

VENANCIA

Recién entraba en la universidad y me enamoré de la mas fea de todas. Tenía serios problemas de sobrepeso y un incipiente bigote. Los ojos parecían dos pequeños tachones debido al desmedido aumento de las gafas. Como casi todas las adolescentes medianamente leídas tenía el delirio de creerse la maga, no hacía sino hablar de paraguas, gatos desamparados y puentes a la orilla del Sena. Me encantaba.
Era muy gorda, me di cuenta porque no alcanban mi dos brazos a abrazarla completa, a mi eso no me importaba, a pesar del sudor yo le decía cositas muy dulces y sucias en sus oídos, quería calentarla pero ella se negaba a darme un beso. Me decía mirandome con ternura "Por el beso se empieza y después vas a querer mas". Toda mi experiencia en el sexo se basaba en el consumo desmedido de pornografía y otras perversiones ópticas. Consideraba que teóricamente lo conocía todo.
Un día sin pedirselo alargó su pescuezo y me dió un beso. Sentí como si me estuviera tragando pedacitos de labio desmenuzados en un caudal de saliva. Evidentemente ella no sabía besar, yo si, llevaba desde octavo practicando. Pegaba un chicle sobre el duracover del cuaderno y lo despegaba con la lengua, es un buen ejercicio, el mejor de todos.
La enamoré a punta de besos y de estúpidos poemas plagiados a Sabines y Benedetti. Pero a medida que su amor aumentaba el mío disminuia. Ella misma me espantó, es que al segundo mes ella ya estaba hablando de matrimonio y no men, no es así yo hasta ahora estaba empezando la carrera, ni loco lo iba a hacer y menos con esa loca.
Me empezaron a molestar ciertos detalles. Por ejemplo no me gustaba la forma en la que me tocaba. En ocasiones incluso me provocaba enterrarle una tramontina en la nuca. Y es que con sus uñitas de cerda tenía la costumbre de pellizcarme las tetillas, ella decía que según Cosmopolitan apuñalar las tetas a un hombre y clavarle un palo en el culo serían las formas mas acertadas de excitación. Yo le suplicaba que tan solo me mordiera despacio la cabeza del pene pero ella arrugaba ese horrible rostro y refunfuñaba que ella todavía no estaba preparada para eso además de que "Lo que me pides no es amor"
Al tercer mes solo pensaba en la forma de echarla. En la facultad de Ingienería Industrial comenzaba a ver a esas rubias altas y flacas tomando nestí al amparo de una palmera, se veían tan solas. Yo las miraba pero de entre las plantas aparecía esta gorda a voltearme el rostro con sus manos grasientas. Quería mandarla a la mierda pero me daba miedo. Habían ciertas cosas en su comportamiento que no estaban bien y a mi he de confesarlo me daban un poco de miedo. Habían tardes en que me obligaba a leer junto a ella. Trataba de concentrarme en la lectura pero veía que agarraba sus revistas y comenzaba a apuñalarlas, yo le preguntaba que era lo que le pasaba y ella se volteaba y me miraba con furia apuntandome con sus tijeras filosas "A tu te parece justo que el novio de Joan Collins la haya dejado solo porque ella es 32 años mas vieja que el. El amor es un lazo indisoluble y el que lo rompe lo tiene que pagar con la muerte".
Al año su cuerpo parecía un sol. No paraba de comer. Una tarde en la cafetería de la universidad me dijo que tenía dos meses de embarazo. Yo le susurré que eso era imposible porque ella y yo nunca habíamos cogido, si lo estaba el padre sería o el Arcangel Gabriel u otro tipo. Se puso a llorar en medio de la cafetería, a llorar como una desquisiada en medio de una multitud de gente. Las chicas de Industrial volteaban y se reían de lo patético de la escena y en el medio yo, empapado de nestí viendo en frente mio a una loca de trescientos kilos escupirme en la cara la retahila mas grande de groserías que se hayan escuchado en esa universidad. Lo peor es que no se iba, yo había visto en las películas que las mujeres cuando le arrojaban algo a sus parejas se iban dando un portazo. En la vida real no suceden esas cosas, la gorda me levantó de la silla y me sacó a empujones de la cafeteria.
Bastante trabajo me costó dejarla en su casa, prometerle que iba a arreglar todo para cuidar de ese bebé y que estuviera tranquila que mi sueño era casarme con ella. Me fui a la casa dispuesto a empacarlo todo y volver a mi pueblo, lo haría a primera hora. No habia amanecido cuando sentí que llamaban a la puerta. Abrí y allí estaba la gorda agarrada de la mano de Jeffrey Ortiz, el estudiante de Electrónica que recientemente se había ganado el Violeta de Plata a mejor interpretación masculina. El fue el que habló, me dijo que todavía no estaba seguro de amar a Venancia pero que ahora su padre judío había accedido y que ambos se irían a un kibutz en Israel donde el hijo se convertiría en un hombre grande disupuesto a defender a su patria de la demoniaca amenaza palestina.
A todo le dije que si, su voz me recordaba a Camilo Sexto, quise pedirle que me cantara una canción pero me arrepentí, luego se voltearon y se fueron. Yo me quedé mirando a la puerta por unos segundo, recuerdo que me voltié y desempaque las revistas que habia guardado, abrí una pero no me calenté, al contrario, me empecé a sentir triste y empecé a llorar.

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